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lunes, 11 de mayo de 2015

Despojos




El hombre del saco
Ya no podíamos contar con él: los niños se mofaban cuando le invocábamos y no le tenían miedo ninguno. Su sombra había cambiado desde aquella tarde en la que el sol se puso al revés. Solo la suya, nada más, como si fuera el precio de haber sido un personaje injustamente  inventado. Y los niños son listos: enseguida se dieron cuenta de que aquella forma oscura que le seguía  ni tenía saco ni asustaba. Así que el hombre tuvo que cambiar de profesión y decidió dedicarse a socorrer ancianitas en apuros. Todos le agradecimos el gesto, pero no logramos encontrar un sustituto que llenara su vacante.


Raigambres
Ya no podíamos contar con él: los ratones habían roído las bolas de madera y los alambres desnudos temblaban de desconcierto. Así que el abuelo se rindió por fin ante la evidencia y se resignó a que compráramos una calculadora. Costó cuatro meses  más convencerle de que, también, necesitábamos pilas para que funcionara.






          
 
 
Relatos presentados a la semana 28 de la VIII Edición de Relatos en Cadena.  (http://escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser/ )

10 comentarios:

  1. Perderle el miedo al hombre del saco está bien, si no fuera porque va asociado a otro montón de inocencias perdidas... snif. Je je.
    Qué ternura la de ese ábaco desdentado, temblando...

    Besos, Salamandra.

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    1. Que no perdamos nunca la inocencia osito, ni cuando estemos como el ábaco.
      Besos anfibios.

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  2. Veo que la frase te ha invitado a echar la mirada atrás, y el viaje ha sido provechoso. Me da que al hombre del saco pocos lo echaremos de menos. El segundo te quedó muy tierno.

    Felicidades.

    Un saludo.

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    1. Hola Alfonso, gracias por tu visita. Hoy día siguen existiendo muchos tipos de hombres del saco, me temo. Un abrazo fuerte.

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  3. No hay sustituto para la pérdida de la inocencia, quizás sólo la vejez, como fin del bucle y como bien reflejas en el micro. Besotes

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  4. El hombre del saco y el ábaco: dos reliquias recicladas en forma de relatos. Muy bien.

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    1. Hola Edita, si es que los años no pasan en balde...Un abrazo.

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  5. El hombre del saco me ha gustado, pero los "alambres desnudos temblando de desconcierto" me han conquistado. Qué nostalgia y con qué sencillez evocas tantos lugares comunes, Eva. Muy bonito.
    Besos

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    1. Hola guapa, a ver si la vida deja de darme empujones y puedo volver a visitaros a todos. Un besazo y gracias por estar aqui siempre un ratito.

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