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viernes, 18 de agosto de 2017

Amanece metrópolis



Carcoma etérea

  Lo peor eran los huecos en su voz, más que su mirada perdida: dejaban silencios en el aire, como pompas de jabón entre las palabras. Denotaban un alma perforada, una mente esponjosa y un corazón de piedra pómez,  frágiles, extenuados, a punto de desintegrarse por el empuje inexorable del vacío.
  Tardó pocos meses en sublimarse del todo.
  Los que aún la queríamos sospechábamos que iba a acabar convirtiéndose en un gas multicolor y tratamos de respirarla a fondo para que nunca se nos olvidara el aroma de su grandeza, para conservar siempre con nosotros el origen de su levedad.
  Y es que se había ido esparciendo por los senderos de la vida en un goteo incesante, sin pensar en el mañana, sin repostar ni pedir nada a cambio. Y fueron demasiados los que recibieron alegremente su luz creyendo que lo merecían, sin agradecimientos ni aprecio, sin recordar siquiera su nombre. Porque así, siendo ella, nunca había sido nadie.


lunes, 10 de julio de 2017

La maleta carmesí



  Era roja y pequeña, con unas ruedas transparentes que transmitían liviandad. Sus cremalleras doradas tintineaban graciosas cada vez que la agitaba. Le bastaba con mirarla e imaginar su contenido: jamás se atrevió a abrirla. Había aterrizado en el Prat desde Cracovia, vía París. No tuvo corazón para dejarla allí, indefensa, dando vueltas infinitas sin ser recogida. Sintió el impulso  irrefrenable de adoptarla.
   Dejó su trabajo y a sus amigos para viajar con ella por el mundo. Planificaba las rutas siguiendo una febril inspiración que no acertaba a reconocer como propia y se apresuraba a descender de los aviones para que nadie creyera que estaba abandonada en la cinta de equipajes.
   Un día, camino de Múnich, un agente de aduana se empeñó en inspeccionarla. Mientras descorría temblando la cremallera, contuvo una inexplicable ira asesina  que solo se disipó cuando el interior quedó  a la vista.
   Ni en sus más locos sueños habría adivinado que transportaba aquello.
   El funcionario, decepcionado tras una detenida ojeada, cerró la maleta y le instó a avanzar en la fila. Él, estupefacto, decidió quedarse en tierra y dejar que continuara sola.
   Aquel extraño y minucioso diario de viajes, escalofriantemente actualizado, sólo podía ser cosa del Diablo.

  Relato presentado al cuarto bimestre de 2017, dedicado a los viajeros y viajantes, en el blog Esta Noche Te Cuento (http://estanochetecuento.com/27-la-maleta-carmesi/)

viernes, 30 de junio de 2017

Amanece metrópolis

Reinicio   

  Discute con su mano izquierda sobre  diplomacia y con su mano derecha sobre la apretada agenda del día. Se ha levantado a contrapié. El espejo no le da los buenos días con una sonrisa, sino que le regala un ceño tormentoso, un herpes labial y un enfado recién pintado en la mirada. Abre el grifo de la ducha y el agua, quizá asustada, decide no salir por los agujeritos. El alicatado se estremece con el eco de su maldición: un azulejo está a punto de caerse, pero, por miedo a hacerse añicos de una patada, se aferra a la pared con toda la fuerza del cemento que le queda. Con el portazo de salida, toda la casa suspira de alivio.

  Esquiva un pastelito canino en la acera mordiéndose la lengua, llega por los pelos al autobús sin tener que correr demasiado, logra un asiento. Trata de contar hasta cien, de respirar profundo y de dejar la mente en blanco. Nota que el ceño se desdibuja y el mal humor se le ablanda. El herpes durará unos días.

  Cierra los ojos sólo un segundo. O eso cree él.

  Cuando los abre de nuevo se descoloca: no está en el autobús, ni en la oficina, ni en su casa. No sabe qué día es ni por qué una niña desconocida le mira fijamente con adoración.
Su mano izquierda sujeta una pelota  y su mano derecha acaricia a un perro expectante. Se levanta de un salto y un charco le revela que su rostro luce una radiante sonrisa, felicidad y los labios intactos. El sol derrama  luz en una ducha cálida sobre su cuerpo y la hierba brillante, arrullada por la brisa, susurra una bienvenida.

   Incrédulo, parpadea.

  Y entonces aparecen las rejas y la oscuridad de una celda, el olor a humanidad, su mano izquierda crispada y la derecha aferrando un cuenco vacío. No hay espejo, ni charcos, pero siente la barba rozándole el pecho, la piel sucia y acartonada y  la boca seca. Un hombre desgastado y aterrador le observa con desprecio desde el camastro gris que ocupa la pared de enfrente.
  
  Esta vez se tapa los ojos desesperado.

  Su mano izquierda remolonea sin atreverse a destaparlos. Su mano derecha, sobre el corazón, parece querer sujetar los latidos desenfrenados. Tantea con el pie la realidad que pisa en ese instante.  Trata de  relajarse. Cuando mira por fin, descubre que  sólo existe un espacio vacío y flexible, como un útero de silicona que puede moldear a su antojo. Piensa en su casa y su trabajo, en esa niña y el perro del parque, en la celda húmeda. En la realidad y la relatividad. Y decide acurrucarse y hacerse pequeño  para meditar, para escoger de nuevo, para planificar mejor, para dibujarse una sonrisa permanente que el mundo le devuelva cada mañana.

  Trata de imaginar otra existencia.

  Deja de discutir con su mano izquierda y confía en su diplomacia. No sobrecarga de tareas a su valiosa mano derecha. A ambas las enseña a acariciar y jugar. Saluda cada día como una página en blanco, con el rostro distendido y sonriente. Barre de su vida el estrés con sus virus y vicios asociados y entrega su curiosidad a cosas como niños, perros, hierba o sol.

  Por fin ha abierto los ojos.




viernes, 19 de mayo de 2017

Amanece metrópolis


Radiografía de contraste

Como una foto al azar y sin posturas, en pocas ráfagas, nuestra historia se reveló desde su inicio como un continuo crepitar de haluros bombardeados.
No puedo afirmar que fuera una guerra, sino más bien un accidente en el que tus lenguas de fuego tropezaron con mis olas de escarcha. Un lago de agua tibia rodeado de rocas afiladas, como una tumba de estrellas fugaces, era nuestro único paraíso común. Una orquesta de sueños raros, nuestra banda sonora. Mil enigmas tatuados el caparazón de la tortuga que arrastraba aquel tiempo rozaban el rabillo de nuestros ojos. Del invisible castillo de papel que comenzamos a construir no quedaron ni los cimientos de nubes.
Y acabamos como al principio, cuando nada era suficiente y la arena de la mañana terminaba calcinada bajo el brillo de la luna. Tú achicharrando hasta los huesos diablos grises en la tostadora y yo intentando conseguir el punto de nieve perfecto para mi soufflé de unicornios negros.


http://amanecemetropolis.net/radiografia-de-contraste/

lunes, 1 de mayo de 2017

Ángel de metal

  La cámara captura el instante en el que una pluma blanca flota hasta la superficie del charco viscoso, se vuelve rosa, se apelmaza y forma un coágulo irreconocible.
  Un final impactante.
  El gentío, enajenado, inconsciente, teledirigido, inhumano, manipulado, insensato, aplaude por inercia la victoria definitiva del Megarobot L1-83R4 sobre el  incómodo rastro de los últimos héroes desconocidos y los salvadores tradicionales. El mundo está, por fin, desangelado.
  Nadie sabe aún, ni se pregunta, contra qué enemigos van a programarlo en su próxima misión redentora.


Relato presentado al tercer bimestre de 2017, dedicado a los superhéroes, en el blog Esta Noche Te Cuento ( http://estanochetecuento.com/02-angel-de-metal/ )

lunes, 10 de abril de 2017

Viernes creativos



Magia

―¡Despierta! ― creyó escuchar en el eco cuando el silencioso quebrantahuesos sobrevoló el rompedero arrojando un fémur de muflón. 
El ruido blanco del valle la había desorientado adormeciendo sus sentidos. Se volvió para no encontrar al rebaño de cabras que creía haber estado pastoreando. Miró al frente y no halló al grupo de amigos con el que iba de excursión. Ladera arriba no estaba el refugio desde el que había temido despeñarse. Abajo, en el cauce del río, no la esperaba una canoa naranja para hacer rafting.
Se sentó en una piedra con la existencia embrujada. Y pasaron segundos enteros hasta que sintió las patitas verdes trepando por su pierna y los ojos viejos del lagarto ahuyentando  las nieblas de aquel hechizo de soledad.



 Una aportación especial para los Viernes creativos . ¡Felicidades Bárbara!

viernes, 17 de marzo de 2017

Amanece Metrópolis

Aprensiones



Era un tedioso ritual, necesario, según la abuela, para conservar los dientes. Así que hacíamos un corro alrededor de la mesa camilla y ella distribuía puñaditos  para que los limpiáramos. El que encontraba más piedras o granos de trigo tenía como premio el mayor trozo de chorizo.
Yo odiaba el chorizo. Tanto como limpiar lentejas.
Así que un día me desmayé de desesperación sobre mi montoncito y cuando volví en mí, tumbada en el suelo con los pies en alto, todos me miraban fijamente con cara de asombro. La abuela, por una vez, se había quedado muda, mis hermanos tenían los ojos como platos, mi madre estaba al borde del llanto y mi padre se atusaba el bigote como cuando había un problema que resolver. Me asusté mucho. Quise gritar que no había sido a propósito, que no había podido evitar perder la noción de la realidad imaginándome que las lentejas tenían patas, se me subían por las manos y me tatuaban todo el cuerpo de lunares. Pero no pude. Porque de repente vi mi reflejo en el cristal de la alacena y supe que era exactamente eso lo que había sucedido.

http://amanecemetropolis.net/aprensiones/

miércoles, 8 de marzo de 2017

Hiperrrealismo trágico


Las olas rompen plácidamente contra el faro solitario en el que trato de terminar mi novela. Como en las películas. Quizá  abusara anoche del bourbon, esa bebida de escritores, porque estoy perplejo.
Dejé ayer a Claudia, mi heroína, en una cita con el canalla de Alessandro, por el que tanto suspiraba. Sin embargo esta mañana se ha fugado en un yate con Francesco,  el rico heredero, renunciando al amor.
Pero lo más desconcertante es que ha dejado una nota en la que me advierte que no siga imaginando finales románticos y poco prácticos para mis personajes o  pagaré por ello.
Una nota. De Claudia. Escrita con mi Olivetti.
De repente comprendo que no era yo  el que, en algún frenesí  perfeccionista, atiborraba la papelera de hojas arrugadas. Releo el manuscrito cada vez más asombrado. Marcelo, el mafioso padre de Claudia, ya no está  entre rejas, ni  hay rastro de sus gorilas en el depósito de cadáveres, ni  Bianca, su madre, vive feliz con Giorgio el jardinero (que ahora reposa  en el fondo del  Adriático), sino que ha vuelto con su marido.
Grito al escuchar el motor de una avioneta. En la página 439 han planeado asaltar mi refugio literario.



  Relato presentado al segundo bimestre de 2017, dedicado al escritor y sus personajes, en el blog Esta Noche Te Cuento  http://estanochetecuento.com/hiperrealismo-tragico/

Amanece metrópolis



Ritos tardíos

De nada sirvió el sacrificio de la última absenta. Ni  la epifanía de cristales rotos. Las nubes ya no encontraban árboles que abrazar y la sombra verde había huido para siempre resquebrajando la piel del mundo.








 http://amanecemetropolis.net/ritos/

lunes, 6 de febrero de 2017

Despojos



Adolescencia programada
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca despegó y salió por la ventana dejando tras de sí una nube de vapor rosado.
Miró arrebolada la foto de Pablo. Se puso unas medias negras, el vestido corto de su hermana y relleno en el sujetador. Esta vez la misión tendría éxito.

Imitación
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca estaba abarrotado de herramientas, para que pudiera forzar la cerradura y escapar. Ella no era como su padre.

Deducciones
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca era mágico. Una vez había salido una señora vestida de enfermera que le dio caramelos para que no gritara. Otro día había dentro un hombre que parecía Superman y saltó por la ventana. Así que se sentó a esperar que Mariflor volviera de entre las perchas transformada en una niña de carne y hueso que quisiera jugar con ella.

Pecados y pecados
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca hinchable se abrió de repente, dejando asomar una pierna enfundada  en media negra con liguero, justo en el momento que entraba su madre. Aprovechó el grito y la confusión para dar una patada a la puerta, pero aquella mirada de reprobación fue demasiado para él y estuvo a punto de llorar de vergüenza hasta que se percató, aliviado, de que su madre solo creía que era un cadáver.

El plan
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca tenía un agujero para que respirara, así que aguantaría unos días sin morirse: justo el tiempo que necesitaba para convencer a sus padres de que Ringo se la había comido y que le compraran otra.

Sexismo
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca parecía un monstruo, con aquellos tiradores malvados en vez de ojos y una llave antigua haciendo de nariz.
―¡Si no te la tragas, escúpela! ―le retó la niña con los puños cerrados. Pero la boca no volvió a abrirse y nada sucedió.
Satisfecha, corrió a la habitación de su hermano a jugar con los camiones.

Crimen imperfecto
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca y la mesilla en la que había escondido las tijeras estaban en habitaciones diferentes. Pensó que eso bastaría para que no relacionaran una cosa con la otra. Pero su madre era una buena detective y, cuando encontró la trenza de lana y los botones de los ojos en la papelera, enseguida dedujo lo que había pasado.
 
Fetichismo
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca estaba lleno de zapatos que nunca había visto en los pies de su madre. Por un momento pensó que se había equivocado de casa, de habitación, o de planeta. Quizá no fuera un armario sino una fábrica camuflada. Volvió a abrirlo con cuidado y se fijó en unos rojos de tacón. Sintió el impulso de probárselos. Lo mismo hizo con los amarillos y las sandalias doradas, aunque le quedaran enormes. Estaba subida a unos azules de vértigo cuando su padre abrió la puerta y la miró con una cara extraña. Desde ese día, olvidó para siempre a la muñeca prisionera.

Voces
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca tenía llave. Le dio dos vueltas, la extrajo, bajó corriendo las escaleras, cogió su bicicleta y pedaleó hasta el pozo de la fábrica abandonada. Temblando, abrió la tapa y tiró aquel trozo de bronce hasta que escuchó un ¡plof! lejano.
Se sentó junto al brocal con el corazón acelerado y el cosquilleo del miedo aún en su piel. Después volvió a su casa despacio, tratando de convencerse de que todo había sido un sueño. Pero cuando abrió la puerta y vio el rastro de sangre en el pasillo, lo recordó todo y supo que se había equivocado de culpable.

El orfanato
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca olía a limón y canela, como las manos de su abuela cuando cocinaba bizcocho. Un sollozo de nostalgia se le atravesó en el pecho. Deseó que el tiempo volviera atrás, a aquellas tardes soleadas en el patio, a las risas compartidas, al mandil blanco de encaje que siempre enjuagaba sus lágrimas.
La voz autoritaria gritó su número desde el rellano. Se recompuso y preparó la bandeja para el té de la madre superiora. Rezó angustiada para no tropezar en la empinada escalera, como le pasó a Siete.
―Mañana vendré a buscarte ―susurró a su único juguete. Pero nunca pudo hacerlo.

Fashion victim
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca repollo la persiguió por el pasillo, acabó estrellándose contra el taquillón en un estruendo de madera antigua y liberó los más terribles recuerdos de su interior: pantalones de cuadros, chaquetas con hombreras, camisas japonesas, faldas de tubo y aquel sombrero cloché que jamás se había puesto y que voló, rencoroso, hacia su cabeza justo en el momento en el que Javier entraba por la puerta con una rosa roja a pedir su mano.

Recálculo

El armario donde acababa de encerrar a su muñeca era de caoba, la cama, de hierro forjado, la mesilla, de mármol verde. Por la ventana se veía un enorme jardín con estanques, estatuas y un laberinto de boj. Entreabrió la puerta buscando a alguna mucama por el pasillo, pero el silencio en la mansión era impresionante. Se resistió a tocar el timbre para que acudiera el mayordomo: en realidad lo único que necesitaba era hablar. Sentada frente a la coqueta recordó con nostalgia a todos sus hermanos hacinados en la chabola e invocó a su hada madrina dispuesta a reconocer que se había equivocado al formular el deseo.

C'est la vie
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca se estremeció ante tamaña injusticia, pero ella se mantuvo firme. El osito de peluche nuevo había ganado el puesto de favorito sobre su cama.

Tragicomedia

El armario donde acababa de encerrar a su muñeca chirriaba tanto que parecían gritos de protesta y tuvo que taparse los oídos. Cuando todo quedó en silencio oyó el roer de la carcoma e imaginó que la pobre estaba siendo devorada por escarabajos gigantes. Temblando, se llevó la mano al pecho donde su corazón, o quizá aquel famoso gusano de la conciencia del que hablaba su madre, daba golpes furiosos. No pudo más. Abrió de nuevo la puerta y rescató a Teresita, la abrazó y le prometió entre lágrimas, como todos los días, que jamás volvería a abandonarla.

La levedad
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca también se desintegró, como la mesilla, la cama y las cortinas, dejando una marca rectangular de ceniza oscura en el suelo. Quedó la estancia vacía, su corazón sin amarras y su alma liberada de recuerdos. Se preguntó cuánto tardarían en apolillarse sus huesos, en pudrirse su carne y dejar su propia huella en aquel lugar que la había visto nacer y crecer. Y, sobre todo, si alguien recordaría su nombre para intentar hacerla volver del más allá.



Relatos presentados a la semana 17 de la X Edición de Relatos en Cadena.  (http://escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser/ )