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miércoles, 11 de julio de 2018

Anatomía de un hematoma


  Nos enseñaron que el amarillo y el morado eran colores complementarios, que el tiempo todo lo cura y  cicatriza, que entre anteayer y pasado mañana los tejidos se regeneran lo suficiente.     Aprendimos que los golpes provocan moratones, que los cardenales son sangre derramada, que la sangre coagulada cambia de color y de estado. Que las plaquetas no son solo baldosas. Que es mejor lavar con agua fría. Descubrimos que abusar del maquillaje mejora las cosas, que las gafas oscuras y las mangas largas evitan preguntas. Y que, otras veces, es mejor quedarse en casa. Nos inculcaron que los trapos sucios se lavan de puertas para adentro y sólo se airea la ropa blanca e impoluta. Que se calla, no se dan explicaciones, no se llora. Que la familia está por encima de cualquier cosa, incluso de las hemorragias que matan. Que lo importante es parecer respetable y limpio. 
  Que el mundo es de los fuertes. Que hay que ser fuerte. Que el color violeta del alma también se volverá amarillo algún día.
  Lo que no nos contaron fue que, incluso con el paso de los años y la mejor voluntad, el amarillo tiende a buscar de nuevo a su complementario.






Relato presentado a la sexta convocatoria de Esta Noche te Cuento 2018, inspirada en la foto de Cristina Garcia Rodero (http://estanochetecuento.com/anatomia-de-un-hematoma/ )

viernes, 29 de junio de 2018

Amanece metrópolis


Foto: Ana Fúster


Versos de verano

Robar una pluma del despacho del padre Nicanor era la primera prueba. La segunda era conseguir del secreter de María el papel rosado de carta que siempre le daba por usar en primavera. La tercera, tomar prestado el atomizador de la abuela para perfumarlo antes, que después se nos corría la tinta. Se podría decir que la cuarta era soportar aquel aroma intenso sin marearnos mientras componíamos un poema que convenciera a Don Emilio de que una tal Blanca Flórez,  supuesta amiga de mi hermana, le seguía  amando en la distancia parapetada en su incurable timidez. El premio era ver cómo esos seres diminutos, esas letras garrapateadas al desgaire por un falso pulso trémulo de pasión, le sumían en un trance tan profundo que se olvidaba de nosotros y nuestras lecciones durante toda la bendita tarde. Y era entonces cuando de verdad y al abrigo de los macizos de flores del jardín, nos entregábamos al placer de la más pura poesía.



http://amanecemetropolis.net/versos-de-verano/

domingo, 17 de junio de 2018

Relatos de la Copa ENTC 2018








Rigores
Antonio Ramírez Martín, Alnus glutinosa, antiguo Tamaris, rigor mortis, autopsia, dictamen, muerte por suspensión, neoplasia maligna.
No estaba en tu piel, ni en tu cabeza: cómo voy a juzgar si fuiste valiente o cobarde. Solo sé que, al parecer, no estuve a tu lado cuando más me necesitabas. O quizá pensaste que yo ya no te necesitaba a ti. Tantos eufemismos y precisiones, Toni, no evitan el dolor, ni borran el sabor a traición sin despedida, ni la imagen de tu barba contra el pecho, ahorcado de aquel aliso junto al Tambre. Ni el terrible diagnóstico que no compartiste conmigo.


Versos de verano
Robar una pluma al padre Nicanor es la primera prueba. La segunda es conseguir del secreter de María papel rosado de carta. La tercera, tomar prestado el atomizador de la abuela para perfumarlo. Se podría decir que la cuarta es soportar ese aroma intenso sin marearse mientras  intentamos componer un poema que convenza a Don Emilio de que una tal Blanca Flórez le sigue amando. El premio es ver cómo esos seres diminutos, esas letras garrapateadas al desgaire por un falso pulso trémulo, le sumen en un trance tan profundo que se olvida de nosotros y nuestras lecciones durante toda la bendita tarde.


Los peces rotos
Por alguna estúpida razón no podía desprender la mirada de los restos de aquel sonajero marino de colores, de sus aletas y escamas, de sus ojos grandes. El silencio se había adueñado de su cabeza como un mecanismo de defensa de la cordura. La inmovilidad le hacía sentir más cerca del posible sueño, ése que deseaba como jamás había deseado nada. Pero ningún pellizco le despertó: era sangre, eran gritos, era espanto. Era terror. Era  jueves, era once, era un caos. Era el andén de Atocha.
http://estanochetecuento.com/tercera-ronda-encuentro-a23/ 


Juegos
A Luis no le daban asco y, cuando venía, les ataba cordeles alrededor del tórax como si fueran sogas de seguridad. Así controlábamos mejor a las cucarachas en las carreras entre las baldosas de la acera y se frenaban en el bordillo tirando del hilo. Si no estaba él, nos conformábamos hostigándolas con ramitas, aunque entonces algunas aterrizaban bocarriba en el asfalto y agitaban con angustia las extremidades.
Me acordé mucho de ellas aquella tarde de viernes cuando, tras salir de la escuela, los mayores acorralaron a Said hasta el borde del precipicio. Ese día no había venido Luis.


El albéitar
El tío Antón igual tumbaba a un buey díscolo con un brazo que curaba perros rabiosos metiéndoles rábanos picantes en la garganta. No había silla que no reventara, pero tampoco dama que no suspirase por su vigor. Y aunque, cuando lo de Rosita, hubo un tiempo en que los demonios líquidos le sedujeron con sus brillos color caramelo desde el cristal de las botellas, logró que no escarcharan su cerebro. Y todos nos alegramos de que siguiera sin haber dedos más dulces a la hora de desenredar cordones, voltear criaturas en la matriz y acariciar la fuerza de la vida.