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lunes, 10 de abril de 2017

Viernes creativos



Magia

―¡Despierta! ― creyó escuchar en el eco cuando el silencioso quebrantahuesos sobrevoló el rompedero arrojando un fémur de muflón. 
El ruido blanco del valle la había desorientado adormeciendo sus sentidos. Se volvió para no encontrar al rebaño de cabras que creía haber estado pastoreando. Miró al frente y no halló al grupo de amigos con el que iba de excursión. Ladera arriba no estaba el refugio desde el que había temido despeñarse. Abajo, en el cauce del río, no la esperaba una canoa naranja para hacer rafting.
Se sentó en una piedra con la existencia embrujada. Y pasaron segundos enteros hasta que sintió las patitas verdes trepando por su pierna y los ojos viejos del lagarto ahuyentando  las nieblas de aquel hechizo de soledad.



 Una aportación especial para los Viernes creativos . ¡Felicidades Bárbara!

viernes, 17 de marzo de 2017

Amanece Metrópolis

Aprensiones



Era un tedioso ritual, necesario, según la abuela, para conservar los dientes. Así que hacíamos un corro alrededor de la mesa camilla y ella distribuía puñaditos  para que los limpiáramos. El que encontraba más piedras o granos de trigo tenía como premio el mayor trozo de chorizo.
Yo odiaba el chorizo. Tanto como limpiar lentejas.
Así que un día me desmayé de desesperación sobre mi montoncito y cuando volví en mí, tumbada en el suelo con los pies en alto, todos me miraban fijamente con cara de asombro. La abuela, por una vez, se había quedado muda, mis hermanos tenían los ojos como platos, mi madre estaba al borde del llanto y mi padre se atusaba el bigote como cuando había un problema que resolver. Me asusté mucho. Quise gritar que no había sido a propósito, que no había podido evitar perder la noción de la realidad imaginándome que las lentejas tenían patas, se me subían por las manos y me tatuaban todo el cuerpo de lunares. Pero no pude. Porque de repente vi mi reflejo en el cristal de la alacena y supe que era exactamente eso lo que había sucedido.

http://amanecemetropolis.net/aprensiones/

miércoles, 8 de marzo de 2017

Hiperrrealismo trágico


Las olas rompen plácidamente contra el faro solitario en el que trato de terminar mi novela. Como en las películas. Quizá  abusara anoche del bourbon, esa bebida de escritores, porque estoy perplejo.
Dejé ayer a Claudia, mi heroína, en una cita con el canalla de Alessandro, por el que tanto suspiraba. Sin embargo esta mañana se ha fugado en un yate con Francesco,  el rico heredero, renunciando al amor.
Pero lo más desconcertante es que ha dejado una nota en la que me advierte que no siga imaginando finales románticos y poco prácticos para mis personajes o  pagaré por ello.
Una nota. De Claudia. Escrita con mi Olivetti.
De repente comprendo que no era yo  el que, en algún frenesí  perfeccionista, atiborraba la papelera de hojas arrugadas. Releo el manuscrito cada vez más asombrado. Marcelo, el mafioso padre de Claudia, ya no está  entre rejas, ni  hay rastro de sus gorilas en el depósito de cadáveres, ni  Bianca, su madre, vive feliz con Giorgio el jardinero (que ahora reposa  en el fondo del  Adriático), sino que ha vuelto con su marido.
Grito al escuchar el motor de una avioneta. En la página 439 han planeado asaltar mi refugio literario.



  Relato presentado al segundo bimestre de 2017, dedicado al escritor y sus personajes, en el blog Esta Noche Te Cuento  http://estanochetecuento.com/hiperrealismo-tragico/

Amanece metrópolis



Ritos tardíos

De nada sirvió el sacrificio de la última absenta. Ni  la epifanía de cristales rotos. Las nubes ya no encontraban árboles que abrazar y la sombra verde había huido para siempre resquebrajando la piel del mundo.








 http://amanecemetropolis.net/ritos/

lunes, 6 de febrero de 2017

Despojos



Adolescencia programada
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca despegó y salió por la ventana dejando tras de sí una nube de vapor rosado.
Miró arrebolada la foto de Pablo. Se puso unas medias negras, el vestido corto de su hermana y relleno en el sujetador. Esta vez la misión tendría éxito.

Imitación
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca estaba abarrotado de herramientas, para que pudiera forzar la cerradura y escapar. Ella no era como su padre.

Deducciones
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca era mágico. Una vez había salido una señora vestida de enfermera que le dio caramelos para que no gritara. Otro día había dentro un hombre que parecía Superman y saltó por la ventana. Así que se sentó a esperar que Mariflor volviera de entre las perchas transformada en una niña de carne y hueso que quisiera jugar con ella.

Pecados y pecados
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca hinchable se abrió de repente, dejando asomar una pierna enfundada  en media negra con liguero, justo en el momento que entraba su madre. Aprovechó el grito y la confusión para dar una patada a la puerta, pero aquella mirada de reprobación fue demasiado para él y estuvo a punto de llorar de vergüenza hasta que se percató, aliviado, de que su madre solo creía que era un cadáver.

El plan
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca tenía un agujero para que respirara, así que aguantaría unos días sin morirse: justo el tiempo que necesitaba para convencer a sus padres de que Ringo se la había comido y que le compraran otra.

Sexismo
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca parecía un monstruo, con aquellos tiradores malvados en vez de ojos y una llave antigua haciendo de nariz.
―¡Si no te la tragas, escúpela! ―le retó la niña con los puños cerrados. Pero la boca no volvió a abrirse y nada sucedió.
Satisfecha, corrió a la habitación de su hermano a jugar con los camiones.

Crimen imperfecto
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca y la mesilla en la que había escondido las tijeras estaban en habitaciones diferentes. Pensó que eso bastaría para que no relacionaran una cosa con la otra. Pero su madre era una buena detective y, cuando encontró la trenza de lana y los botones de los ojos en la papelera, enseguida dedujo lo que había pasado.
 
Fetichismo
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca estaba lleno de zapatos que nunca había visto en los pies de su madre. Por un momento pensó que se había equivocado de casa, de habitación, o de planeta. Quizá no fuera un armario sino una fábrica camuflada. Volvió a abrirlo con cuidado y se fijó en unos rojos de tacón. Sintió el impulso de probárselos. Lo mismo hizo con los amarillos y las sandalias doradas, aunque le quedaran enormes. Estaba subida a unos azules de vértigo cuando su padre abrió la puerta y la miró con una cara extraña. Desde ese día, olvidó para siempre a la muñeca prisionera.

Voces
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca tenía llave. Le dio dos vueltas, la extrajo, bajó corriendo las escaleras, cogió su bicicleta y pedaleó hasta el pozo de la fábrica abandonada. Temblando, abrió la tapa y tiró aquel trozo de bronce hasta que escuchó un ¡plof! lejano.
Se sentó junto al brocal con el corazón acelerado y el cosquilleo del miedo aún en su piel. Después volvió a su casa despacio, tratando de convencerse de que todo había sido un sueño. Pero cuando abrió la puerta y vio el rastro de sangre en el pasillo, lo recordó todo y supo que se había equivocado de culpable.

El orfanato
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca olía a limón y canela, como las manos de su abuela cuando cocinaba bizcocho. Un sollozo de nostalgia se le atravesó en el pecho. Deseó que el tiempo volviera atrás, a aquellas tardes soleadas en el patio, a las risas compartidas, al mandil blanco de encaje que siempre enjuagaba sus lágrimas.
La voz autoritaria gritó su número desde el rellano. Se recompuso y preparó la bandeja para el té de la madre superiora. Rezó angustiada para no tropezar en la empinada escalera, como le pasó a Siete.
―Mañana vendré a buscarte ―susurró a su único juguete. Pero nunca pudo hacerlo.

Fashion victim
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca repollo la persiguió por el pasillo, acabó estrellándose contra el taquillón en un estruendo de madera antigua y liberó los más terribles recuerdos de su interior: pantalones de cuadros, chaquetas con hombreras, camisas japonesas, faldas de tubo y aquel sombrero cloché que jamás se había puesto y que voló, rencoroso, hacia su cabeza justo en el momento en el que Javier entraba por la puerta con una rosa roja a pedir su mano.

Recálculo

El armario donde acababa de encerrar a su muñeca era de caoba, la cama, de hierro forjado, la mesilla, de mármol verde. Por la ventana se veía un enorme jardín con estanques, estatuas y un laberinto de boj. Entreabrió la puerta buscando a alguna mucama por el pasillo, pero el silencio en la mansión era impresionante. Se resistió a tocar el timbre para que acudiera el mayordomo: en realidad lo único que necesitaba era hablar. Sentada frente a la coqueta recordó con nostalgia a todos sus hermanos hacinados en la chabola e invocó a su hada madrina dispuesta a reconocer que se había equivocado al formular el deseo.

C'est la vie
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca se estremeció ante tamaña injusticia, pero ella se mantuvo firme. El osito de peluche nuevo había ganado el puesto de favorito sobre su cama.

Tragicomedia

El armario donde acababa de encerrar a su muñeca chirriaba tanto que parecían gritos de protesta y tuvo que taparse los oídos. Cuando todo quedó en silencio oyó el roer de la carcoma e imaginó que la pobre estaba siendo devorada por escarabajos gigantes. Temblando, se llevó la mano al pecho donde su corazón, o quizá aquel famoso gusano de la conciencia del que hablaba su madre, daba golpes furiosos. No pudo más. Abrió de nuevo la puerta y rescató a Teresita, la abrazó y le prometió entre lágrimas, como todos los días, que jamás volvería a abandonarla.

La levedad
El armario donde acababa de encerrar a su muñeca también se desintegró, como la mesilla, la cama y las cortinas, dejando una marca rectangular de ceniza oscura en el suelo. Quedó la estancia vacía, su corazón sin amarras y su alma liberada de recuerdos. Se preguntó cuánto tardarían en apolillarse sus huesos, en pudrirse su carne y dejar su propia huella en aquel lugar que la había visto nacer y crecer. Y, sobre todo, si alguien recordaría su nombre para intentar hacerla volver del más allá.



Relatos presentados a la semana 17 de la X Edición de Relatos en Cadena.  (http://escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser/ )

lunes, 9 de enero de 2017

Despojos



Papeleta espacial
Es que no tuviste bastante combustible para llegar más lejos ―me contestó impasible, sin dejar de preparar su equipaje, cuando, en mi desesperada diatriba, balbuceé la pregunta más estúpida que podía habérseme ocurrido para intentar que se quedara.
Era verdad. No había llegado hasta allí buscándola ni me había quedado a su lado por amor. Guardé silencio y, resignado, maldije los cálculos chapuceros de los ingenieros aeronáuticos, la incapacidad de los reactores de mi nave para funcionar con hielo meteorizado, la promesa de rescate que me hicieron en la última transmisión y la costumbre de aquellos seres nómadas de cambiar de planeta cada noventa lunas.

 Excusas
Es que no tuviste bastante oxígeno ―me explicó la sirena mientras me acompañaba a la superficie para que encontraran mi cuerpo y mi alma pudiera volar hacia el cielo.
¡Como si su canto no hubiera tenido nada que ver! Me había parecido muy poco amable por su parte hacerme tragar todo su repertorio antes de que yo pudiera empezar con el mío. Quizá con un dueto hubiéramos ahorrado tiempo, oxígeno y mi funeral. Incluso la improvisación a capella hubiera mejorado muchísimo pero, ya se sabe, el narcisismo de algunos divos roza lo patológico.


Relatos presentados a la semana 14 de la X Edición de Relatos en Cadena.  (http://escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser/ )

lunes, 2 de enero de 2017

Carta a Jana



   El silencio suave de tus huellas, la calidez de tu presencia, el ancla a la realidad de tu mirada. Lo siento aún como si nada nos hubiera sucedido. Mis dedos, huérfanos de caricias, se retuercen ansiosos. Mi alma, despojada de amor incondicional, amenaza con filtrarse para siempre en la niebla. Ya nadie logra taladrar mi máscara ni percibirme detrás. No hay lengua que enjuague mis lágrimas, ni juegos que arranquen ese extraño ruido de mi garganta que decían que era risa. Sólo cuatro paredes, sábanas blancas, luces frías.
   Llegaste envuelta en la chaqueta del vecino que te rescató de aquel útero de plástico atado con cinta aislante. Tu condena y renacimiento fueron nuestra salvación. La abuela dejó de romper palabras, papá dulcificó sus gestos y a mamá la inundabas del cariño que yo no sé expresar. Pero fue a mí al que entregaste tu adoración. A mí, que no sé salir a ese mundo en el que viven los demás. A mí, al que todos miran con lástima.
   Era Nochevieja. Las bombas incomprensibles te asustaron. Corriste. Manchaste un coche blanco con tu sangre.
   Contigo desapareció el hilo que me comunicaba con el mundo.
   Y encima te culpan de mi crisis.




 Relato presentado al primer bimestre de 2017, dedicado a los perros y gatos, en el blog Esta Noche Te Cuento http://estanochetecuento.com/10-carta-a-jana/ 

Amanece Metrópolis

Cardioefluvios

A ninguno nos sorprendió que burbujeara, inundando de pompas tristes la estancia de la que ya no había querido moverse, cuando, en plena primavera, se disolvió: sabíamos que su amor por ella había sido efervescente.
Todos lo lamentamos mucho, pero fue un alivio no tener que seguir escuchando el eco de los suspiros de su alma por los rincones ni resbalando con el rastro de sus lágrimas en las baldosas.
“El amor es así, unas veces mata y otras diluye”, sentenció la abuela.  Así que decidimos olvidarle cuanto antes para poder proseguir nuestra vida en paz.
Lo peor era el aroma a frustración que había dejado prendido en las cortinas de la sala: desmoralizaba a cualquiera que invitáramos a tomar el té, y las visitas que antes alegraban nuestras tardes, fueron desapareciendo discretamente: aunque la tarde que vino Clara, tan ignorante de que él ya no existía como de que había existido alguna vez, se transformó en un perfume espeso de violetas antiguas que acabó por hacernos vomitar una empalagosa gelatina malva con forma de corazón.





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