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jueves, 24 de agosto de 2017

Evocaciones



  Fue exactamente un treinta de agosto cuando, sometido al frío triste del inevitable adiós, nuestro amor tostado al sol se derritió como los helados que tanto te gustaban.Y con él cualquier promesa de contacto imposible, cualquier esperanza ingenua de revivirlo, cualquier atisbo de que pudiera existir otra vez.   

  Yo aún conservo la piedra redonda con la que tropezamos aquella noche de magia en la playa, y me gustaba pensar que quizá tú siguieras escuchando la sal del oleaje en la caracola que te regalé.


 Con el paso del tiempo tu nombre exótico se escurrió de mi memoria, aunque, desde aquel verano, el sabor de la vainilla siempre barnizaba mis labios de nostalgia y traía a mis oídos el eco de risas felices.


  Ayer, siete de junio, tus ojos me miraron desde la pantalla del televisor. Los años no habían apagado su brillo pícaro, pero tu mano sostenía un machete ensangrentado en vez de un chorreante cucurucho.


  Hoy sopeso, sentada en el malecón, si arrojar al mismo mar que te depositó en este continente ajeno la piedra que me ancla a tu recuerdo . Como si fuera una prueba infame que me incriminara, como si con ello  borrase de algún modo tu huella de mi vida, como si así sepultara en lo más profundo tu inocencia de entonces.


  Pero cuando intento lanzarla lejos, las lágrimas que no puedo contener inundan mis sentidos con un maldito aroma a vainilla.


http://amanecemetropolis.net/evocaciones/  

viernes, 18 de agosto de 2017

Amanece metrópolis



Carcoma etérea

  Lo peor eran los huecos en su voz, más que su mirada perdida: dejaban silencios en el aire, como pompas de jabón entre las palabras. Denotaban un alma perforada, una mente esponjosa y un corazón de piedra pómez,  frágiles, extenuados, a punto de desintegrarse por el empuje inexorable del vacío.
  Tardó pocos meses en sublimarse del todo.
  Los que aún la queríamos sospechábamos que iba a acabar convirtiéndose en un gas multicolor y tratamos de respirarla a fondo para que nunca se nos olvidara el aroma de su grandeza, para conservar siempre con nosotros el origen de su levedad.
  Y es que se había ido esparciendo por los senderos de la vida en un goteo incesante, sin pensar en el mañana, sin repostar ni pedir nada a cambio. Y fueron demasiados los que recibieron alegremente su luz creyendo que lo merecían, sin agradecimientos ni aprecio, sin recordar siquiera su nombre. Porque así, siendo ella, nunca había sido nadie.


lunes, 10 de julio de 2017

La maleta carmesí



  Era roja y pequeña, con unas ruedas transparentes que transmitían liviandad. Sus cremalleras doradas tintineaban graciosas cada vez que la agitaba. Le bastaba con mirarla e imaginar su contenido: jamás se atrevió a abrirla. Había aterrizado en el Prat desde Cracovia, vía París. No tuvo corazón para dejarla allí, indefensa, dando vueltas infinitas sin ser recogida. Sintió el impulso  irrefrenable de adoptarla.
   Dejó su trabajo y a sus amigos para viajar con ella por el mundo. Planificaba las rutas siguiendo una febril inspiración que no acertaba a reconocer como propia y se apresuraba a descender de los aviones para que nadie creyera que estaba abandonada en la cinta de equipajes.
   Un día, camino de Múnich, un agente de aduana se empeñó en inspeccionarla. Mientras descorría temblando la cremallera, contuvo una inexplicable ira asesina  que solo se disipó cuando el interior quedó  a la vista.
   Ni en sus más locos sueños habría adivinado que transportaba aquello.
   El funcionario, decepcionado tras una detenida ojeada, cerró la maleta y le instó a avanzar en la fila. Él, estupefacto, decidió quedarse en tierra y dejar que continuara sola.
   Aquel extraño y minucioso diario de viajes, escalofriantemente actualizado, sólo podía ser cosa del Diablo.

  Relato presentado al cuarto bimestre de 2017, dedicado a los viajeros y viajantes, en el blog Esta Noche Te Cuento (http://estanochetecuento.com/27-la-maleta-carmesi/)

viernes, 30 de junio de 2017

Amanece metrópolis

Reinicio   

  Discute con su mano izquierda sobre  diplomacia y con su mano derecha sobre la apretada agenda del día. Se ha levantado a contrapié. El espejo no le da los buenos días con una sonrisa, sino que le regala un ceño tormentoso, un herpes labial y un enfado recién pintado en la mirada. Abre el grifo de la ducha y el agua, quizá asustada, decide no salir por los agujeritos. El alicatado se estremece con el eco de su maldición: un azulejo está a punto de caerse, pero, por miedo a hacerse añicos de una patada, se aferra a la pared con toda la fuerza del cemento que le queda. Con el portazo de salida, toda la casa suspira de alivio.

  Esquiva un pastelito canino en la acera mordiéndose la lengua, llega por los pelos al autobús sin tener que correr demasiado, logra un asiento. Trata de contar hasta cien, de respirar profundo y de dejar la mente en blanco. Nota que el ceño se desdibuja y el mal humor se le ablanda. El herpes durará unos días.

  Cierra los ojos sólo un segundo. O eso cree él.

  Cuando los abre de nuevo se descoloca: no está en el autobús, ni en la oficina, ni en su casa. No sabe qué día es ni por qué una niña desconocida le mira fijamente con adoración.
Su mano izquierda sujeta una pelota  y su mano derecha acaricia a un perro expectante. Se levanta de un salto y un charco le revela que su rostro luce una radiante sonrisa, felicidad y los labios intactos. El sol derrama  luz en una ducha cálida sobre su cuerpo y la hierba brillante, arrullada por la brisa, susurra una bienvenida.

   Incrédulo, parpadea.

  Y entonces aparecen las rejas y la oscuridad de una celda, el olor a humanidad, su mano izquierda crispada y la derecha aferrando un cuenco vacío. No hay espejo, ni charcos, pero siente la barba rozándole el pecho, la piel sucia y acartonada y  la boca seca. Un hombre desgastado y aterrador le observa con desprecio desde el camastro gris que ocupa la pared de enfrente.
  
  Esta vez se tapa los ojos desesperado.

  Su mano izquierda remolonea sin atreverse a destaparlos. Su mano derecha, sobre el corazón, parece querer sujetar los latidos desenfrenados. Tantea con el pie la realidad que pisa en ese instante.  Trata de  relajarse. Cuando mira por fin, descubre que  sólo existe un espacio vacío y flexible, como un útero de silicona que puede moldear a su antojo. Piensa en su casa y su trabajo, en esa niña y el perro del parque, en la celda húmeda. En la realidad y la relatividad. Y decide acurrucarse y hacerse pequeño  para meditar, para escoger de nuevo, para planificar mejor, para dibujarse una sonrisa permanente que el mundo le devuelva cada mañana.

  Trata de imaginar otra existencia.

  Deja de discutir con su mano izquierda y confía en su diplomacia. No sobrecarga de tareas a su valiosa mano derecha. A ambas las enseña a acariciar y jugar. Saluda cada día como una página en blanco, con el rostro distendido y sonriente. Barre de su vida el estrés con sus virus y vicios asociados y entrega su curiosidad a cosas como niños, perros, hierba o sol.

  Por fin ha abierto los ojos.




viernes, 19 de mayo de 2017

Amanece metrópolis


Radiografía de contraste

Como una foto al azar y sin posturas, en pocas ráfagas, nuestra historia se reveló desde su inicio como un continuo crepitar de haluros bombardeados.
No puedo afirmar que fuera una guerra, sino más bien un accidente en el que tus lenguas de fuego tropezaron con mis olas de escarcha. Un lago de agua tibia rodeado de rocas afiladas, como una tumba de estrellas fugaces, era nuestro único paraíso común. Una orquesta de sueños raros, nuestra banda sonora. Mil enigmas tatuados el caparazón de la tortuga que arrastraba aquel tiempo rozaban el rabillo de nuestros ojos. Del invisible castillo de papel que comenzamos a construir no quedaron ni los cimientos de nubes.
Y acabamos como al principio, cuando nada era suficiente y la arena de la mañana terminaba calcinada bajo el brillo de la luna. Tú achicharrando hasta los huesos diablos grises en la tostadora y yo intentando conseguir el punto de nieve perfecto para mi soufflé de unicornios negros.


http://amanecemetropolis.net/radiografia-de-contraste/

lunes, 1 de mayo de 2017

Ángel de metal

  La cámara captura el instante en el que una pluma blanca flota hasta la superficie del charco viscoso, se vuelve rosa, se apelmaza y forma un coágulo irreconocible.
  Un final impactante.
  El gentío, enajenado, inconsciente, teledirigido, inhumano, manipulado, insensato, aplaude por inercia la victoria definitiva del Megarobot L1-83R4 sobre el  incómodo rastro de los últimos héroes desconocidos y los salvadores tradicionales. El mundo está, por fin, desangelado.
  Nadie sabe aún, ni se pregunta, contra qué enemigos van a programarlo en su próxima misión redentora.


Relato presentado al tercer bimestre de 2017, dedicado a los superhéroes, en el blog Esta Noche Te Cuento ( http://estanochetecuento.com/02-angel-de-metal/ )

lunes, 10 de abril de 2017

Viernes creativos



Magia

―¡Despierta! ― creyó escuchar en el eco cuando el silencioso quebrantahuesos sobrevoló el rompedero arrojando un fémur de muflón. 
El ruido blanco del valle la había desorientado adormeciendo sus sentidos. Se volvió para no encontrar al rebaño de cabras que creía haber estado pastoreando. Miró al frente y no halló al grupo de amigos con el que iba de excursión. Ladera arriba no estaba el refugio desde el que había temido despeñarse. Abajo, en el cauce del río, no la esperaba una canoa naranja para hacer rafting.
Se sentó en una piedra con la existencia embrujada. Y pasaron segundos enteros hasta que sintió las patitas verdes trepando por su pierna y los ojos viejos del lagarto ahuyentando  las nieblas de aquel hechizo de soledad.



 Una aportación especial para los Viernes creativos . ¡Felicidades Bárbara!

viernes, 17 de marzo de 2017

Amanece Metrópolis

Aprensiones



Era un tedioso ritual, necesario, según la abuela, para conservar los dientes. Así que hacíamos un corro alrededor de la mesa camilla y ella distribuía puñaditos  para que los limpiáramos. El que encontraba más piedras o granos de trigo tenía como premio el mayor trozo de chorizo.
Yo odiaba el chorizo. Tanto como limpiar lentejas.
Así que un día me desmayé de desesperación sobre mi montoncito y cuando volví en mí, tumbada en el suelo con los pies en alto, todos me miraban fijamente con cara de asombro. La abuela, por una vez, se había quedado muda, mis hermanos tenían los ojos como platos, mi madre estaba al borde del llanto y mi padre se atusaba el bigote como cuando había un problema que resolver. Me asusté mucho. Quise gritar que no había sido a propósito, que no había podido evitar perder la noción de la realidad imaginándome que las lentejas tenían patas, se me subían por las manos y me tatuaban todo el cuerpo de lunares. Pero no pude. Porque de repente vi mi reflejo en el cristal de la alacena y supe que era exactamente eso lo que había sucedido.

http://amanecemetropolis.net/aprensiones/

miércoles, 8 de marzo de 2017

Hiperrrealismo trágico


Las olas rompen plácidamente contra el faro solitario en el que trato de terminar mi novela. Como en las películas. Quizá  abusara anoche del bourbon, esa bebida de escritores, porque estoy perplejo.
Dejé ayer a Claudia, mi heroína, en una cita con el canalla de Alessandro, por el que tanto suspiraba. Sin embargo esta mañana se ha fugado en un yate con Francesco,  el rico heredero, renunciando al amor.
Pero lo más desconcertante es que ha dejado una nota en la que me advierte que no siga imaginando finales románticos y poco prácticos para mis personajes o  pagaré por ello.
Una nota. De Claudia. Escrita con mi Olivetti.
De repente comprendo que no era yo  el que, en algún frenesí  perfeccionista, atiborraba la papelera de hojas arrugadas. Releo el manuscrito cada vez más asombrado. Marcelo, el mafioso padre de Claudia, ya no está  entre rejas, ni  hay rastro de sus gorilas en el depósito de cadáveres, ni  Bianca, su madre, vive feliz con Giorgio el jardinero (que ahora reposa  en el fondo del  Adriático), sino que ha vuelto con su marido.
Grito al escuchar el motor de una avioneta. En la página 439 han planeado asaltar mi refugio literario.



  Relato presentado al segundo bimestre de 2017, dedicado al escritor y sus personajes, en el blog Esta Noche Te Cuento  http://estanochetecuento.com/hiperrealismo-tragico/

Amanece metrópolis



Ritos tardíos

De nada sirvió el sacrificio de la última absenta. Ni  la epifanía de cristales rotos. Las nubes ya no encontraban árboles que abrazar y la sombra verde había huido para siempre resquebrajando la piel del mundo.








 http://amanecemetropolis.net/ritos/