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sábado, 17 de octubre de 2026

PK2

 

    Era un saco sin fondo, infinito y cochambroso por el paso de los milenios. Lo cargaba a sus espaldas desde hacía tanto que, como una joroba, formaba parte de su anatomía. Al principio ella misma echaba dentro todas las culpas, asumiendo el personaje asignado por alguien injusto pero poderoso. Con el tiempo fue dándose cuenta de cuánto pesaba aquello y de cómo le impedía levantarse, crecer, mirar hacia el horizonte, ser. 

   
Cansada, y a pesar de que lo había evitado desde el origen de todo, se sentó bajo un árbol inofensivo que no tenía frutos. Tampoco había reptiles por los alrededores. Pero apareció una ardilla que sin decir nada, como es natural,  se puso a roer el saco hasta hacer un agujero por donde empezó a vaciarse. A medida que lo hacía, ella fue sintiéndose mejor, más liviana, con ganas de saltar, reír y corretear. Le costó, porque sus huesos habían perdido la elasticidad de la alegría, pero supo que todo iba a cambiar. Le siguieron echando culpas, con más saña si cabe al verla fuera de su papel, pero tal y como entraban, salían por el roto. Así, poco a poco, Eva se fue reconstruyendo, libre, feliz y exonerada.

 

 Relato presentado a la séptima convocatoria de Esta Noche te Cuento 2026, inspirado en la CULPA (https://estanochetecuento.com/37-pk2/) 

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Tricobezoares

 

  Margarita vigila la entrada desde el sofá mientras despoja toda su ropa de botones. Son como caramelos. El silencio del teléfono mantiene cristalino el aire de la estancia y la impulsa a mordisquearse las uñas de pulgares, índices, anulares, corazones y meñiques. Por la ventana asoman rayos de sol, asoman las estrellas, asoman pájaros y gente  que no le interesa. Con un ojo en el buzón, juguetea con su trenza: la hace, la deshace, se  arranca mechones, los mastica.

  Su abuela le da manzanilla, le dibuja príncipes, joyas, castillos y hasta un cohete para ir a la luna, le coloca al gato sobre la tripa para darle calor y se lo quita si comienza a lamerlo. Sus profesores la aconsejan, el cura la exorciza, sus padres tratan de guiarla. El médico diagnostica ese dolor intenso de  sus entrañas, le receta aceite, le receta un bozal, le receta que salga al mundo a encontrarse con la vida.

  Pero el desasosiego deshoja poco a poco a Margarita, que vomita bolas y suspiros mientras aguarda inmóvil que el futuro soñado llame por fin a su puerta. Cuando acude la ambulancia, porque, verdosa y escuálida, apenas respira, abraza esperanzada al primer camillero que llega.

 

 

 Relato presentado a la sexta convocatoria de Esta Noche te Cuento 2026, inspirado en la INCERTIDUMBRE (https://estanochetecuento.com/29-tricobezoares/) 

 

 

El patio

 

  Sus dedos, por pasar el rato, trenzan peciolos desnudos de falsa acacia con los que crea animalillos amorfos. Aunque nadie se interese por su destreza. Mira a su alrededor deteniéndose a envidiar la gracia y precisión de las que saltan a la comba, la agilidad de los que juegan a baloncesto, el glamour que destila el corrillo de las guapas, el magnetismo que emana del grupito de los mayores. Los estudia a todos, busca diferencias, cualidades que emular.

  Uno de los pequeños, atraído por su actividad, se sienta a su lado y hace mil preguntas, pero no pone empeño en  deshojar las ramitas con el «gallo-gallina», ni quiere aprender a hacer trenzas: huye hacia los columpios.

  Un balón la golpea y cae a sus pies. Se levanta dolorida, pero sonriente, e intenta devolverlo de una patada. Tropieza con el banco y el improvisado zoo de cestería va al suelo. Un compañero de clase se acerca a buscar la pelota. No pide perdón, ni la invita a jugar: la mira  con un mar de desprecio.

  Comienza a llover, la gente corre a refugiarse. Ella trata de imitarles. Resbala, trastabilla. Sus gruesas gafas se enturbian con incómodas gotitas. Sus ojos, también.

 


 Relato presentado a la quinta convocatoria de Esta Noche te Cuento 2026, inspirado en la PERTENENCIA ( https://estanochetecuento.com/59-el-patio/ )


viernes, 10 de julio de 2026

Amanece metrópolis

 

Pérdidas irreparables

  Siempre creí que mi abuelo era druida. Él me enseñó a sentir el latido de los micelios en las raíces acariciando cortezas, a venerar los huecos donde habita el cárabo, a leer en las hojas la historia del viento, a escuchar rastros, olfatear sonidos y saber mirar hacia el corazón del bosque.

  Le invoco mientras grito con angustia el nombre de mi hija pequeña, perdida en este desalmado monocultivo australiano de olor farmacéutico que nada transmite. Anochece sin un atisbo de vida entre los mudos troncos espigados. Y, como los árboles que antaño poblaban estos montes, yo me siento morir.






https://amanecemetropolis.net/?p=67827

martes, 30 de junio de 2026

El Melampiro

 

  Hoy, que la lluvia ha dejado huérfanas de perlas a todas las flores del barrio, sube una neblina nauseabunda del asfalto y se enreda en  los huesos bajo el calor de un junio implacable que pone a prueba la vida desdibujando las sombras. La mía tiembla solitaria al notar que repta entre la gente como una espina de pescado dispuesta a clavarse si la hacen retroceder  y se acerca de perfil, con su babeo rojizo y la máscara melosa que disimula su tacto áspero .Sus colmillos oxidados hacen presa en mi corazón. Cierro los ojos y percibo cómo succiona mi energía,  languidecen mis brazos y fallan mis piernas mientras todo se vuelve gris. En silencio, aferro tu mano, aunque tú no lo sepas, para dominar el miedo. Recito tu nombre como un mantra mágico y te  vislumbro a mi lado.

  Respiro profundo, cuento hasta ocho, vuelvo a mirar: has pintado el cielo de azul y perfumado el aire con rosas amarillas. Me rodea la luz y siento fluir la sangre dulcemente por mis venas. Sonrío al evocar tu  guiño cómplice, el calor de tu abrazo. 

 
El parásito pegajoso ha huido.  El mundo gira de nuevo porque tú estás en él. 

 

 

 

 

 Relato presentado a la cuarta convocatoria de Esta Noche te Cuento 2026, inspirado en la IMAGINACIÓN  (https://estanochetecuento.com/85-el-melampiro/)

jueves, 14 de mayo de 2026

Dieciséis escalones

 


 

     Parpadea el cursor sobre un espacio infinito sin que encuentre las palabras que merece.  No soy capaz aún de escuchar su voz en mensajes antiguos, pero me reconforta verla  feliz en las fotos, con esa sonrisa luminosa que usaba para tranquilizarnos aunque tuviera el alma encogida de miedo.

     Permanecerá menuda,  dulce y vivaracha gravitando en mi memoria, como hizo en mi existencia durante casi sesenta años. A veces enturbiándome  los ojos de sal, otras como un cálido soplo de recuerdos: cada vez que  un corazón de chocolate me traslade a aquellas caminatas por el Retiro, cuando el amarillo y el violeta decidan jugar con un hombre aferrado a una cometa, o siempre que, Ebony and Ivory, acaricie sonriendo un teclado.

     Con su elegancia a lo Hepburn dejó un rastro inolvidable y poderoso. Hasta el final. Antes de ponerse a salvo del lado más oscuro de la vida en el que ya no podía ser ella, de decidir, valiente, doblar el último recodo, el más difícil, quiso despedirse de todos.

     Hoy, una rabia estéril me desborda al añorar lo ya imposible de vivir, y me lacera, insidioso, el maldito minuto que no tuve para subir a abrazarla por última vez.

                   

                                                                                                                       (A Nuri, siempre luz)

 Relato presentado a la tercera convocatoria de Esta Noche te Cuento 2026, inspirado en el CORAJE (https://estanochetecuento.com/dieciseis-escalones/ )

domingo, 22 de marzo de 2026

Grietas

  El tartamudeo al pronunciar mi antiguo nombre, el  temblor de manos al poner el parche en el ojo azul de Blanca, la voz quebrada al contestar al teléfono. Después vinieron los cinco minutos menos de gimnasia matinal, la leche sin miel, los lunes sin verduras en la cena. Su corbata torcida, nuestra ropa sin planchar. Nos asustamos con el trocito de su bigote perfecto en el lavabo, los chorreones de gomina y aquel reguero de lágrimas y pedazos del traje de los domingos  que seguimos por el pasillo hasta la alcoba. Atravesado sobre la cama de matrimonio, despeinado y sin vestir para ir a misa, papá gimoteaba bajito. Al vernos, abrió los brazos. Tardamos en comprender, por  falta de costumbre, lo que quería. Nos acercamos desconfiados, Blanca con su heterocromía al desnudo, yo con los labios pintados y las manoletinas rosas. Fue el primer abrazo suyo que recuerdo, la primera vez que me llamó Luisa y miró de frente a mi hermana. El primer perdón que le escuché.

 En un arrebato de coraje le confesamos que nosotros también añorábamos la alegría, los disparates y las galletas que mamá nos daba a escondidas. Que, por favor, la llamase para que volviera.

 

 Relato presentado a la segunda convocatoria de Esta Noche te Cuento 2026, inspirado en el DESORDEN   (https://estanochetecuento.com/68-grietas/ )