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domingo, 22 de marzo de 2026

Grietas

  El tartamudeo al pronunciar mi antiguo nombre, el  temblor de manos al poner el parche en el ojo azul de Blanca, la voz quebrada al contestar al teléfono. Después vinieron los cinco minutos menos de gimnasia matinal, la leche sin miel, los lunes sin verduras en la cena. Su corbata torcida, nuestra ropa sin planchar. Nos asustamos con el trocito de su bigote perfecto en el lavabo, los chorreones de gomina y aquel reguero de lágrimas y pedazos del traje de los domingos  que seguimos por el pasillo hasta la alcoba. Atravesado sobre la cama de matrimonio, despeinado y sin vestir para ir a misa, papá gimoteaba bajito. Al vernos, abrió los brazos. Tardamos en comprender, por  falta de costumbre, lo que quería. Nos acercamos desconfiados, Blanca con su heterocromía al desnudo, yo con los labios pintados y las manoletinas rosas. Fue el primer abrazo suyo que recuerdo, la primera vez que me llamó Luisa y miró de frente a mi hermana. El primer perdón que le escuché.

 En un arrebato de coraje le confesamos que nosotros también añorábamos la alegría, los disparates y las galletas que mamá nos daba a escondidas. Que, por favor, la llamase para que volviera.

 

 Relato presentado a la segunda convocatoria de Esta Noche te Cuento 2026, inspirado en el DESORDEN   (https://estanochetecuento.com/68-grietas/ )

 

 

jueves, 19 de febrero de 2026

Madrid s. XXI

 

  Como las rapaces que han perdido el filo de sus garras porque ya solo esperan la carroña del atropello, las cigüeñas que no migran han alargado sus picos al acecho de progenitores distraídos e indecisos. Impresionan con sus libreas, impávidas, encaramadas a cientos sobre las farolas de la M-50, dispuestas a servir bebés.

  A María, estragados cuerpo y alma con aguas milagrosas, cócteles de hormonas, sacrificios inconfesables, velas inverosímiles, amuletos diversos, luz de luna y oraciones a San Ramón, se le deshilacharon la esperanza y las ganas con los años.  Atrapada en el atasco, le tiemblan las manos sobre el volante  y apenas levanta la mirada  hacia el ejército de pájaros que observa el  discurrir lento de los vehículos.  Fantasea con recuperar el anhelo, esta vez sola, y prescindir de las ventajas de ser dueña absoluta de sus días.

  No recuerda haber leído ningún caso de embarazo por las cigüeñas desesperadas, ni se explica el posible mecanismo. Quizá sea todo una leyenda urbana. Aun así, casi sin pensarlo, fija la vista en un ejemplar cercano  y susurra  «aquí estoy».  El ave extiende las alas y alza el vuelo.

  Antes de llegar a casa compra, ilusionada, un test en la farmacia.

Fotografía extraída de El País (Luis Miguel Ruiz Gordón)

 

 Relato presentado a la primera convocatoria de Esta Noche te Cuento 2026, inspirado en la FE   (https://estanochetecuento.com/m-50/)